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Transición energética

Hidrógeno y energías renovables

05/05/2026 - 09.00 AM
Hidrógeno y energías renovables

El hidrógeno y las energías renovables: aliados en la transición energética

Las energías renovables son la base de la transición energética, pero por sí solas no bastan.

El hidrógeno no es una alternativa a las energías renovables, sino un vector energético complementario que permite el almacenamiento de energía, ayuda a gestionar la intermitencia y contribuye a la descarbonización de sectores difíciles de electrificar. Comprender cómo interactúan estos dos elementos es fundamental para entender el futuro de los sistemas energéticos.

Por qué el hidrógeno y las energías renovables no compiten entre sí

El hidrógeno y las energías renovables no compiten entre sí: desempeñan funciones diferentes y complementarias dentro del mismo sistema energético. La percepción de que existe una disyuntiva entre ambos suele derivarse de una visión excesivamente simplificada: las energías renovables se presentan como el sustituto de los combustibles fósiles, mientras que el hidrógeno se considera una tecnología competidora. En realidad, operan a niveles diferentes.

Las energías renovables —en particular la eólica y la solar— sonfuentes de energía primaria. Generan electricidad directamente a partir de recursos naturales. El hidrógeno, por el contrario, es un vector energético: no es una fuente de energía, sino un medio para almacenar, transportar y utilizar la energía producida en otros lugares. Según la Agencia Internacional de la Energía, el desarrollo del hidrógeno de bajas emisiones está estrechamente vinculado a la disponibilidad de electricidad renovable.

El denominado hidrógeno verde —producido mediante electrólisis alimentada con energías renovables— es una de las principales vías para descarbonizar sectores en los que la electrificación directa resulta difícil o ineficiente. Se prevé que su papel crezca significativamente en las próximas décadas, especialmente en aplicaciones industriales y en el transporte pesado.

Es aquí donde se hacen evidentes los límites de la electrificación directa. Si bien es la solución más eficiente en muchos casos de uso —como los edificios y la movilidad ligera—, no siempre es viable desde el punto de vista técnico o económico. Sectores como la siderurgia, la industria química pesada, el transporte marítimo y la aviación requieren una alta densidad energética o procesos químicos específicos que la electricidad por sí sola no puede proporcionar fácilmente.

En este contexto, el hidrógeno no es una alternativa a las energías renovables, sino una forma de ampliar su alcance.

Energías renovables: la base de la transición energética y sus límites

Las energías renovables son hoy en día la columna vertebral de la transición energética mundial. En los últimos años, la energía eólica y la solar han experimentado un crecimiento sin precedentes, convirtiéndose en las fuentes más dinámicas del mix energético. Esta aceleración se ha visto impulsada tanto por la reducción de los costes tecnológicos como por unas políticas de descarbonización cada vez más ambiciosas en todo el mundo.

Su papel en la reducción de emisiones es, por lo tanto, fundamental e insustituible. Las energías renovables son la principal palanca para reducir las emisiones en el sector energético, que sigue representando la mayor parte de las emisiones mundiales de CO₂. Sin embargo, su propia naturaleza plantea un reto estructural.

A diferencia de las fuentes de energía convencionales, la eólica y la solar son intrínsecamente intermitentes y no despachables. Generan electricidad cuando sopla el viento o brilla el sol, no necesariamente cuando la demanda es mayor. A medida que su cuota en la combinación energética sigue creciendo, esto crea un desajuste cada vez mayor entre la generación y el consumo.

El resultado es un sistema energético en el que, en determinados momentos, la electricidad renovable es abundante pero no puede aprovecharse plenamente, mientras que en otros puede ser insuficiente. En tales casos, se produce una restricción: la reducción deliberada de la generación renovable para mantener la estabilidad de la red. En otras palabras, parte de la energía limpia disponible queda sin utilizar.

A medida que la capacidad renovable sigue expandiéndose, este problema se agudizará. Esto pone de relieve un punto crítico: producir energía limpia no es suficiente. También debe gestionarse, almacenarse y distribuirse de manera eficiente. Es precisamente en esta brecha —entre la generación y el uso— donde surgen nuevas necesidades de flexibilidad, junto con nuevas oportunidades tecnológicas, incluido el papel del hidrógeno.

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El papel del hidrógeno: almacenamiento, flexibilidad y aprovechamiento del valor de las energías renovables

El hidrógeno convierte una de las principales limitaciones de las energías renovables —la variabilidad— en una oportunidad a nivel del sistema. El principio es sencillo: cuando la generación eólica y solar supera la demanda, en lugar de reducir la producción, ese exceso de electricidad puede convertirse en hidrógeno. Esta es la base del denominado Power-to-Hydrogen.

Mediante la electrólisis, la electricidad renovable se utiliza para dividir el agua en hidrógeno y oxígeno, creando un vector energético que puede almacenarse y utilizarse posteriormente. Este proceso es una de las principales palancas para integrar una mayor proporción de energías renovables en los sistemas energéticos, reduciendo el desperdicio y mejorando la eficiencia general. Al mismo tiempo, refuerza la seguridad energética al reducir la dependencia de los combustibles fósiles importados y aumentar la capacidad de los sistemas energéticos para gestionar la producción y el suministro nacionales.

La ventaja clave del hidrógeno frente a otras soluciones de almacenamiento radica en su escalabilidad. Las baterías desempeñan un papel crucial en la gestión de la red a corto plazo —por ejemplo, estabilizando la frecuencia o gestionando las fluctuaciones horarias—, pero se vuelven menos eficientes y más costosas cuando se trata de almacenar grandes volúmenes de energía durante períodos más largos. El hidrógeno, por el contrario, permite el almacenamiento a escala industrial y en escalas temporales estacionales, lo que lo hace especialmente adecuado para equilibrar los sistemas energéticos con altas cuotas de energías renovables y mejorar su seguridad general.

Más allá del almacenamiento, el hidrógeno mejora significativamente la flexibilidad del sistema. Puede utilizarse para convertir la energía almacenada de nuevo en electricidad durante los picos de demanda, o puede transportarse y utilizarse directamente en aplicaciones industriales. Esta capacidad de almacenar energía a lo largo del tiempo y liberarla cuando sea necesario es también un factor clave para reforzar la resiliencia de la infraestructura energética, especialmente en contextos marcados por la volatilidad del mercado o la inestabilidad geopolítica.

La Clean Hydrogen Partnership destaca que muchas de estas soluciones ya se están implementando, con proyectos que integran electrolizadores, generación renovable e infraestructura energética existente. El objetivo es construir sistemas en los que los electrones y las moléculas trabajen juntos, mejorando tanto la resiliencia como la eficiencia.

En este contexto, la transición energética no es solo un reto medioambiental, sino también industrial y estratégico, destinado a garantizar una mayor seguridad, autonomía y estabilidad a largo plazo, en el que el hidrógeno desempeña un papel central.

Un sistema energético multivectorial: electrones y moléculas trabajando en conjunto

El sistema energético del futuro no se basará en una única solución, sino en una combinación integrada de vectores energéticos. En este modelo, la electricidad generada a partir de fuentes renovables sigue siendo la opción más eficiente para muchos usos finales, mientras que el hidrógeno y sus derivados amplían el alcance de la energía renovable a aplicaciones en las que la electrificación directa no es viable.

Esta es la lógica que subyace al concepto de un sistema energético multivectorial, en el que «electrones» y «moléculas» coexisten y se complementan entre sí. La electricidad es muy adecuada para aplicaciones como los edificios, la movilidad ligera y algunos sectores industriales. Sin embargo, hay sectores —como la siderurgia, la producción de cemento, la industria química pesada, el transporte marítimo y la aviación— en los que los requisitos energéticos en términos de temperatura, densidad energética o procesos químicos específicos hacen que el uso directo de la electricidad resulte difícil o ineficiente.

Aquí es donde entra en juego el paradigma Power-to-X. La electricidad renovable puede convertirse en una variedad de vectores energéticos —no solo hidrógeno (Power-to-Hydrogen), sino también combustibles sintéticos (e-fuels), metanol y amoníaco—. Estos productos pueden transportarse, almacenarse y utilizarse dentro de la infraestructura existente, lo que permite que la transición avance sin requerir una revisión completa de los sistemas actuales.

De la teoría a la realidad: la integración ya está en marcha y perspectivas de futuro

La integración de las energías renovables y el hidrógeno ya no es un concepto teórico, sino que está tomando forma a escala industrial. En los últimos años se ha producido una aceleración significativa de los proyectos que combinan la generación de energía renovable, la electrólisis y el uso del hidrógeno en múltiples sectores. Estas iniciativas están demostrando la viabilidad técnica y económica de un enfoque multivectorial.

En este contexto, las tecnologías de electrólisis desempeñan un papel decisivo. La capacidad de producir hidrógeno de forma eficiente, fiable y a escala industrial es un requisito previo para que todo el sistema sea sostenible. Mejorar el rendimiento de los electrolizadores, prolongar su vida útil y reducir los costes siguen siendo retos tecnológicos clave, pero también son áreas en las que se está avanzando rápidamente.

Es aquí donde las empresas especializadas en soluciones electroquímicas avanzadas están teniendo un impacto tangible. Las tecnologías cada vez más eficientes, escalables e integradas en el sistema están permitiendo la conversión continua y fiable de la electricidad renovable en hidrógeno, lo que favorece la transición de los proyectos piloto a un despliegue industrial generalizado.


De cara al futuro, el panorama que se perfila es el de un sistema energético cada vez más interconectado, flexible y resiliente, en el que las tecnologías no compiten entre sí, sino que trabajan juntas. Las energías renovables seguirán expandiéndose como fuente principal de electricidad, mientras que el hidrógeno ampliará su alcance, permitiendo la descarbonización incluso en los sectores más difíciles.


El futuro de la transición energética no vendrá determinado por la elección entre tecnologías competidoras, sino por su integración. Es a través de la sinergia entre las energías renovables y el hidrógeno como se puede construir un modelo que combine sostenibilidad, seguridad energética y desarrollo industrial.

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