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Transición energética

La aviación con hidrógeno: oportunidades, limitaciones y plazos realistas

02/26/2026 - 10.00 AM
El hidrógeno en la aviación

La aviación con hidrógeno: oportunidades, limitaciones y plazos realistas

Entre los sectores implicados en la transición energética, la aviación sigue siendo uno de los más difíciles de descarbonizar. El transporte aéreo se basa en sistemas altamente optimizados que operan bajo requisitos estrictos en materia de seguridad, densidad energética, autonomía operativa y certificación. A diferencia de otros ámbitos de la movilidad, en los que la electrificación directa ya se ha generalizado, la aviación se enfrenta a limitaciones estructurales: el peso del combustible y las exigencias de rendimiento hacen que la transición sea necesariamente gradual y se desarrolle en múltiples niveles.

Según el Informe medioambiental de la aviación europea 2025 publicado por la EASA, la reducción de las emisiones del sector no puede basarse en una única solución tecnológica, sino que requiere una combinación coordinada de medidas: mejorar la eficiencia de las aeronaves, optimizar las operaciones, ampliar el uso de combustibles de aviación sostenibles (SAF) y desarrollar nuevas arquitecturas de propulsión. En este marco, los SAF —incluidos los e-SAF producidos a partir de hidrógeno renovable y CO₂ capturado— representan actualmente la palanca de aplicación más inmediata, ya que son compatibles con la flota de aeronaves actual y la infraestructura aeroportuaria existente.


Paralelamente a esta vía, está cobrando impulso el concepto de aviación de hidrógeno en sentido estricto, que implica el uso directo del hidrógeno como vector energético a bordo. Esto representa una dirección tecnológica potencialmente transformadora, pero caracterizada por importantes retos técnicos y de infraestructura, así como por plazos de desarrollo más largos.

Por lo tanto, para comprender el papel del hidrógeno en la aviación es necesario distinguir entre soluciones a corto plazo y tecnologías en fase de desarrollo. Solo desde esta perspectiva realista es posible evaluar las oportunidades, las limitaciones y el ritmo probable de la transición del sector hacia una aviación con menos emisiones de carbono.

e-SAF e hidrógeno: integración a través de los combustibles sintéticos

En el debate sobre la aviación con hidrógeno, una de las aplicaciones más concretas y realistas a corto y medio plazo no tiene que ver con la introducción de nuevos aviones, sino con la producción de combustibles de aviación sostenibles de origen eléctrico (e-SAF). Estos combustibles sintéticos se producen combinando hidrógeno generado mediante electrólisis alimentada con electricidad renovable con CO₂ capturado, ya sea de procesos industriales o directamente de la atmósfera. El resultado es un combustible líquido drop-in totalmente compatible con los motores y la infraestructura aeroportuaria existentes.

A diferencia de las soluciones basadas en la combustión directa de hidrógeno o la propulsión por pilas de combustible, los e-SAF no requieren un rediseño radical de las aeronaves ni arquitecturas aeroportuarias específicas. Pueden mezclarse con el combustible de aviación convencional y utilizarse en toda la flota actual, reduciendo la intensidad de carbono de los vuelos sin alterar la configuración de las aeronaves ni los procedimientos operativos. Aunque la combustión de e-SAF sigue produciendo CO₂, el balance global puede acercarse a la neutralidad de carbono, ya que el carbono emitido corresponde al CO₂ capturado previamente y reintroducido en el ciclo del combustible.

A nivel europeo, el marco regulatorio ya está orientando el mercado en esta dirección. El reglamento ReFuelEU Aviation establece requisitos progresivamente crecientes para el uso de combustibles de aviación sostenibles en los aeropuertos de la UE, creando una trayectoria política clara para ampliar la demanda de SAF y e-SAF. Paralelamente, iniciativas como la Early Movers Coalition —respaldada por la Comisión Europea— tienen como objetivo acelerar la inversión en la producción de combustible de aviación sostenible, contribuyendo al surgimiento de una cadena de valor industrial específica.

En este contexto, los e-SAF representan una vía de implementación inmediata para integrar el hidrógeno en el sector de la aviación. El hidrógeno se convierte en un componente crítico en la fase inicial de la producción de combustibles sintéticos, incluso sin utilizarse directamente a bordo de las aeronaves como vector energético. Este enfoque permite al sector aprovechar la infraestructura existente y, al mismo tiempo, lograr reducciones de emisiones ya en la próxima década, mientras que las soluciones de aviación con hidrógeno basadas en nuevas arquitecturas de propulsión continúan madurando a lo largo de plazos tecnológicos más largos.

La aviación con hidrógeno: soluciones a largo plazo

Si bien los e-SAF ofrecen una vía pragmática para integrar el hidrógeno en la aviación sin alterar la arquitectura de las aeronaves existentes, el uso directo del hidrógeno a bordo plantea un escenario fundamentalmente diferente. En este caso, el reto ya no se limita a cambiar el combustible conservando la infraestructura aeronáutica actual, sino que implica replantearse en parte tanto los sistemas de propulsión como el propio diseño de las aeronaves.

Por lo tanto, al hablar de la aviación con hidrógeno en sentido estricto, es esencial distinguir entre dos enfoques tecnológicos distintos: la combustión directa de hidrógeno y la propulsión eléctrica por pila de combustible. Ambas soluciones utilizan el hidrógeno como fuente de energía, pero se basan en arquitecturas aeronáuticas diferentes, presentan distintos niveles de madurez tecnológica y abordan segmentos operativos distintos de la aviación.


Mientras que los e-SAF permiten el uso continuado de la flota existente, estas dos vías requieren el desarrollo de nuevas plataformas de aeronaves, nuevas configuraciones y ecosistemas de infraestructura específicos. En consecuencia, se prevé que su introducción comercial siga unos plazos de desarrollo significativamente más largos.

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Combustión directa de hidrógeno

Una vía posible para la aviación con hidrógeno consiste en utilizar este elemento como combustible en motores a reacción debidamente adaptados. Este enfoque mantiene un importante elemento de continuidad con las arquitecturas aeronáuticas existentes:la lógica de propulsión subyacente permanece prácticamente inalterada, lo que reduce la discontinuidad tecnológica en comparación con la introducción de sistemas de propulsión totalmente eléctricos.

Los principales retos no residen en el proceso de combustión en sí, sino más bien en el combustible y su integración en la aeronave. Para su uso en aviación, el hidrógeno debe almacenarse en forma líquida (LH₂), lo que tiene importantes implicaciones para el diseño de la aeronave. Los tanques criogénicos requieren volúmenes sustancialmente mayores que los combustibles de aviación convencionales y afectan directamente a la configuración de la aeronave, la distribución del peso y el alcance operativo. Como resultado, se hace necesario un rediseño sustancial de la arquitectura de la aeronave, lo que podría influir en el peso total y el rendimiento operativo.

Otro aspecto crítico se refiere a las emisiones de óxido de nitrógeno (NOx). Si bien la combustión de hidrógeno elimina las emisiones de CO₂ relacionadas con el combustible, la gestión de los efectos distintos del CO₂ sigue siendo una consideración de diseño importante y un área activa de investigación dentro de los programas europeos de aviación sostenible.

Los estudios realizados en el marco de la Empresa Común de Pilas de Combustible e Hidrógeno, junto con las prioridades de investigación definidas en la Agenda Estratégica de Investigación e Innovación para una Aviación Limpia, indican que la combustión de hidrógeno en motores a reacción es técnicamente viable. Sin embargo, aún se requieren avances significativos en la integración del combustible, el diseño de las aeronaves y la gestión de los sistemas a bordo antes de que se pueda lograr un despliegue comercial a gran escala.

Avión eléctrico con pila de combustible

Una segunda vía tecnológica para la aviación con hidrógeno es la propulsión eléctrica mediante pilas de combustible, en la que el hidrógeno se convierte en electricidad para alimentar motores eléctricos. Este enfoque elimina por completo la combustión y aprovecha la elevada eficiencia energética de los sistemas electroquímicos, lo que lo hace especialmente atractivo para los tramos de vuelo de corta distancia.

Según el estudio europeo Hydrogen-powered aviation (2020), las aplicaciones a medio plazo más realistas se refieren a los aviones de cercanías y regionales, donde los requisitos de autonomía y capacidad se ajustan mejor a las capacidades actuales de los sistemas de propulsión eléctrica y las pilas de combustible. En estos contextos, la propulsión eléctrica por hidrógeno podría reducir significativamente las emisiones y, según varios estudios, también podría disminuir los niveles de ruido operativo.

No obstante, siguen existiendo importantes retos tecnológicos. Entre las cuestiones clave se incluyen la mejora de la densidad de potencia de las pilas de combustible, la gestión de las cargas térmicas, el desarrollo de electrónica de potencia de alto rendimiento y la obtención de la certificación aeronáutica para arquitecturas de propulsión totalmente nuevas. Abordar estos retos requiere avances tanto en la investigación electroquímica como en la ingeniería de sistemas eléctricos avanzados para aeronaves.

En general, la propulsión eléctrica por pila de combustible representa una de las vías más prometedoras para introducir el hidrógeno en el transporte aéreo, especialmente en los segmentos de la aviación regional, donde el equilibrio entre rendimiento, peso y autonomía parece más favorable a medio plazo.

Infraestructura aeroportuaria: del e-SAF al hidrógeno líquido

A corto y medio plazo, la integración del hidrógeno en la aviación a través del e-SAF no requiere una transformación radical de la infraestructura aeroportuaria. Los combustibles sintéticos producidos a partir de hidrógeno renovable y CO₂ capturado están concebidos como combustibles de sustitución directa, totalmente compatibles con los motores a reacción, los sistemas de almacenamiento de combustible y los procedimientos de repostaje actuales.

Esta compatibilidad representa uno de los principales factores que facilitan su adopción: la infraestructura aeroportuaria puede permanecer prácticamente sin cambios mientras la composición del combustible de aviación evoluciona progresivamente. Desde esta perspectiva, la cadena de suministro de e-SAF se concentra principalmente en la fase inicial —en la producción industrial a gran escala, el acceso a electricidad renovable y la captura eficiente de CO₂— más que en modificaciones operativas dentro de los propios aeropuertos.

La situación cambia significativamente cuando se considera el uso directo del hidrógeno como vector energético a bordo. En este caso, el desarrollo de un ecosistema de aviación de hidrógeno requiere una transformación infraestructural mucho más profunda a lo largo de toda la cadena de valor: producción de hidrógeno, licuefacción, transporte, almacenamiento criogénico, sistemas de reabastecimiento específicos y nuevos procedimientos de seguridad.

Los análisis realizados en el marco de programas europeos como Clean Aviation indican que esta transición de las infraestructuras será gradual y se coordinará cuidadosamente. A largo plazo, los aeropuertos podrían convertirse en auténticos centros energéticos, integrando la generación local de energía renovable, los sistemas de almacenamiento de energía y la gestión de múltiples vectores energéticos. Sin embargo, se prevé que esta evolución se desarrolle en un plazo considerablemente más largo que la adopción del e-SAF.


En este escenario, la vía de transición parece desarrollarse en dos niveles paralelos: a corto plazo, los combustibles sintéticos permiten la integración del hidrógeno sin cambios estructurales en los aeropuertos; a largo plazo, la introducción del hidrógeno líquido como combustible directo para la aviación requerirá una transformación más amplia de las infraestructuras, respaldada por la innovación tecnológica y el desarrollo industrial coordinado.

El hidrógeno y los combustibles sostenibles para el transporte (SAF): soluciones complementarias, no competitivas

En la trayectoria hacia la descarbonización del transporte aéreo, los combustibles de aviación sostenibles (SAF) y el hidrógeno no deben considerarse alternativas que compiten entre sí, sino herramientas complementarias que operan en diferentes horizontes temporales y ámbitos de aplicación.

Los e-SAF producidos a partir de hidrógeno renovable y CO₂ capturado representan actualmente la solución de más rápida implementación y pueden utilizarse en la flota existente como combustibles drop-in, sin requerir modificaciones sustanciales en los motores a reacción ni en la infraestructura aeroportuaria. Por el contrario, el hidrógeno utilizado directamente a bordo de las aeronaves forma parte de una vía de transformación más estructural y a largo plazo.

En este contexto, la descarbonización de la aviación no se presenta como una elección entre opciones mutuamente excluyentes, sino más bien como una estrategia multitecnológica. A corto y medio plazo, los SAF —incluidos los e-SAF basados en hidrógeno— representan el medio más realista de reducir las emisiones de la flota actual. A más largo plazo, el hidrógeno como vector energético directo puede contribuir a remodelar ciertas arquitecturas de aeronaves, ampliando el potencial de reducción estructural de las emisiones.

La complementariedad entre estas soluciones es, por lo tanto, uno de los elementos clave para comprender la evolución de la aviación con hidrógeno dentro de la transición energética más amplia del sector del transporte aéreo.

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